contador de visitas
top of page

HOMILÍA+MONS. JOSÉ LUIS CANTO SOSA, PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓNCAMPO DE ÁGUILA,VERACRUZ CELEBRACIÓN EUCARÍSTICAFIESTA PATRONAL

DIÓCESIS DE SAN ANDRÉS TUXTLA

PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

CAMPO DE ÁGUILA, VERACRUZ


CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

FIESTA PATRONAL

SÁBADO 15 DE AGOSTO DE 2026

1 P.M.


HOMILÍA

+MONS. JOSÉ LUIS CANTO SOSA


Primera Lectura. Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab: Una mujer envuelta por el sol, con la luna bajo sus pies.

Salmo Responsorial. Del Salmo 44: De pie, a tu derecha, está la reina.

Segunda Lectura. De la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 20-27: Resucitó primero Cristo, como primicia; después los que son de Cristo.

Aclamación antes del Evangelio. María fue llevada al cielo y todos los ángeles se alegran.

Evangelio. Del Santo Evangelio según San Lucas 1, 39-56: Ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Exaltó a los humildes.


Pbro. Víctor Manuel Beltrán Chagala, Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción:


Queridos hermanos y queridas hermanas:


Hoy festejamos la Asunción de la Virgen, una de las fiestas más antiguas de las dedicadas a María, aunque el dogma fue definido por el Papa Pio XII el 1 de noviembre de 1950. Ella, una mujer vestida de sol y la luna bajo sus pies y una corona de doces estrellas sobre su cabeza. Esta es la descripción que hace el Apocalipsis de María, la mujer-madre que da a luz al Salvador del mundo. Dios se hace hombre en una persona, en un corazón: María, la que llevó en su seno al Hijo eterno de Dios hecho hombre, Jesús nuestro Señor y Salvador. La simbología con la que es descrita María, en la Primera Lectura, es de gloria, de triunfo: vestida de sol; la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas. Estos símbolos nos hablan ya de gloria, de triunfo. Por eso María, que está tan íntimamente unida a su Hijo, a quien acogió en la fe y engendró en la carne, comparte plenamente su gloria del Cielo. María vive ya en el cielo con todo su ser, alma y cuerpo.


Hoy 15 de agosto la Iglesia canta y venera a la Madre de Dios en esa perspectiva de triunfo, al tiempo que recuerda su humildad y generosidad, gozando de la presencia definitiva de su Hijo. En esta Celebración honramos a “Aquella que sigue engendrando y dando a Cristo Salvador a la humanidad, como Aquella que en el cielo comparte la plenitud de la gloria y goza de la felicidad misma de Dios y, al mismo tiempo, también nos invita a nosotros a ser, a nuestro modo modesto, “arca en la que está presente la Palabra de Dios, que es transformada y vivificada por su presencia, lugar de la presencia de Dios, para que los hombres puedan encontrar en los demás la cercanía de Dios y así vivir en comunión con Dios y conocer la realidad del Cielo” (Papa Benedicto XVI).


En la Primera Carta a los Corintios, el Apóstol San Pablo habla del tema de la resurrección. Es como una respuesta a quienes, en aquella comunidad cristiana, no aceptaban tal hecho. La resurrección de Cristo es el principio de una realidad que nos afecta a todos. San Pablo concluye que, si esto no es así, la fe la vaciamos de contenido. La vida en plenitud se alcanza, precisamente, en esa resurrección que nos logra Cristo y él, que es “primicia”, se convierte en garantía de nuestra propia resurrección. Este texto de San Pablo encaja bien en la Fiesta que celebramos hoy, donde contemplamos a María llevada al cielo en cuerpo y alma, participando así de la resurrección de su Hijo.


El Evangelio de San Lucas nos recuerda la salida de María hacia la montaña donde vivía su parienta Isabel, llevando en su seno al Hijo de Dios. Hay una frase que sobresale en este evangelio: se puso de prisa en camino. El Papa Benedicto XVI acentuaba esta expresión y lo explicaba con estas palabras: las cosas de Dios merecen prisa; más aún, las únicas cosas del mundo que merecen prisa son precisamente las de Dios, que tienen la verdadera urgencia para nuestra vida.


Isabel la recibe con ese “primer Ave María” del que todos seguimos valiéndonos para dirigirnos también a María. Ave María es un hermoso saludo. El niño, que será llamado El Bautista, se hace eco saltando en el seno de su madre Isabel. María responde a esos saludos con ese cántico que nos acompaña en el Rezo de las Vísperas: el Magnificat. Podemos imaginar que es lo que Ella nos diría como compendio de su experiencia de Dios y del hombre. El Magnificat es un canto de alabanza a la grandeza de Dios que mira la humildad de María, la Hija de Sión, y se olvida de los soberbios y los poderosos. El Magnificat es un canto a la fidelidad de Dios y alabanza a todos los que en la tierra confían en Dios de generación en generación.


Queridos hermanos y queridas hermanas: La Fiesta de la Asunción de María nos habla a nosotros del futuro que nos espera mientras caminamos por esta tierra. Es lo que hemos pedido en la Oración Colecta: Dios todopoderoso y eterno, que elevaste a la gloria celestial en cuerpo y alma a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos tender siempre hacia los bienes eternos, para que merezcamos participar de su misma gloria en el Cielo.  Nuestro caminar no es de extraviados que no saben hacia dónde se dirigen. Nos guía la esperanza de encontrarnos un día con María en ese Reino de los Cielos donde ella vive esperando a sus hijos. No somos personas desorientadas. Somos caminantes, peregrinos que, desde la fidelidad a Dios, tenemos a María como esa estrella que en la noche conduce nuestros pasos.


Les invito a preguntarnos:


El Dios que canta María en el Magnificat ¿es el Dios que yo vivo y en el que pongo toda mi confianza y toda mi esperanza? 


¿Soy consciente de que voy día a día caminando hacia el encuentro definitivo con Dios?


¿Qué representa María en mi vida?


Mi oración ¿es ante todo expresión de un sentimiento o celebración y reconocimiento de la acción de Dios en mi vida?


María es presentada como la creyente en la Palabra del Señor. ¿Cuánto tiempo dedico a escuchar la Palabra de Dios?


¿Mi oración se alimenta de la Biblia, como ha hecho María?


¿Estoy convencido que hacer la Lectio Divina o oración con la Biblia me ayuda de encontrar un alimento sólido, escogido por María misma?


¿Me intereso en la lógica del Magnificat que exalta el gozo del dar, del perder para encontrar, del acoger, la felicidad de la gratuidad, de la donación de mí mismo para servir a mis prójimos?


¡Feliz Fiesta de la Asunción de María!


 
 
 

Comentarios


Siguenos en redes sociales

  • Youtube
  • Facebook
Gracias por tu mensaje
bottom of page

contador de visitas