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HOMILIA 29 de octubre

DIÓCESIS DE SAN ANDRÉS TUXTLA

S. I. CATEDRAL DE SAN JOSÉ Y SAN ANDRÉS APÓSTOL

SAN ANDRÉS TUXTLA, VERACRUZ

 

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO

29 de octubre de 2023

 

HOMILÍA

+MONS. JOSÉ LUIS CANTO SOSA

 

Primera Lectura. Ex 22, 20-26: El forastero, el huérfano y la viuda han de ser objeto de un amor preferencial.

Salmo Responsorial. Del Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab: R. Tú, Señor, eres mi refugio.

Segunda Lectura. 1Tes 1, 5c-10: San Pablo ofrece a la comunidad cristiana de Tesalónica una serie de reflexiones a la luz de su propia experiencia.

Aclamación antes del Evangelio. Jn 14, 23: R. Aleluya, aleluya. El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice el Señor. R. Aleluya.

Evangelio. Mt 22, 34-40: Para Jesús, en el amor a Dios y al prójimo se encierran todos los preceptos divinos.

 

Queridos hermanos y queridas hermanas:

 

En este Domingo XXX del TO, el tema central de la Palabra del Señor gira en torno al amor a Dios y al prójimo. Cuando es genuino el amor a Dios, necesariamente reclama el amor al prójimo. El Papa Francisco, en la encíclica Fratelli tutti, inspirada en San Francisco de Asís, nos  exige y nos exhorta para que todas las personas nos esforcemos para lograr que el amor de hermanos llegue a ser realidad en nuestro mundo, tan fragmentado, dividido y polarizado: “Sombras de conflictos, enconos y luchas fratricidas se ciernen despiadadamente en un mundo cerrado por actitudes egoístas y mezquinas” (Fratelli tutti, Cap. I). Por eso el Papa Francisco insiste en fomentar actitudes que ayuden a construir un mundo más humano, con estructuras justas, cimentadas en la fraternidad y la amistad social.

 

Desde el Antiguo Testamento, el Libro del Éxodoseñalaba la necesidad de que las personas más vulnerables, como los migrantes, los huérfanos y las viudas recibieran un trato preferencial. En el contexto de la alianza que el mismo Dios quiso pactar con su pueblo elegido, era indispensable atender a todo aquel que pasara necesidad. La “defensa de los débiles” competía en primer lugar al rey, a quien se le llamaba “refugio de los que no tienen protector” (cfr. Sal 72, 4. 12-14). Sin embargo esta defensa era también una exigencia para todo israelita. La legislación judía, para motivar su cumplimiento, con frecuencia apela a la experiencia del propio Israel, migrante y esclavo en Egipto, para que esa situación no se repitiera ni sobre los migrantes que vivan en medio de Israel, ni sobre la gente más débil, como las viudas, los huérfanos o los pobres en general.

 

Jesús, en el Evangelio de San Mateo, enseña claramente que toda la “Ley y los Profetas”, es decir, la completa revelación divina, se sintetiza precisamente en el amor a Dios, pero también, al mismo tiempo, en el amor al prójimo. El primero que asume esta forma de vivir es el propio Jesús, como lo demuestra con su testimonio de entrega por nosotros.

 

En el contexto de las controversias que Jesús tiene con diversos grupos judíos, como los saduceos (Mt 22, 23-33), ahora aparece un maestro de la ley. Llama la atención que quien lo interroga sobre el mandamiento más importante sea justamente esa persona. Una pregunta tal podría ser explicable en boca de alguien deseoso de conocer la ley, pero no en la de un experto en ella. Es claro que intenta ponerle una trampa.

 

En tiempos de Jesús, los maestros en Israel solían hablar de 613 mandamientos, entre grandes y ligeros. Muchos exigían el cabal cumplimiento de todos por igual, sin distinción, como el rabino Shammay. otros, en cambio, como el maestro Hillel, no veían dificultad para pronunciarse respecto a la mayor importancia de unos sobre otros. Jesús responde citando a Dt 6,5: “Y tú amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”, la “profesión de fe israelita” que reconoce a un solo Dios, al cual es preciso amar sobre todas las cosas. Pero la sorpresa es que Jesús a este mandamiento, el mayor de todos, añade otro, el del amor al prójimo, como aparece en Lv 19,18: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo; mas amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”.

 

El mandato del amor a Dios, es por encima de todo y con todo lo que constituye la persona;“el corazón, el alma y la mente”, era algo muy conocido y aceptado por los israelitas. La novedad que introduce Jesús es la equiparación entre el amor a Dios y al prójimo y que, ambos juntos, constituyen el resumen y la base de todo el Antiguo Testamento, “la Ley y los Profetas”. Aunque el rabí Hillel, se acercó a esta enseñanza del Señor, para la mayoría de los judíos la enseñanza de Jesús resultaba más bien escandalosa. Sonaba a osadía equiparar el amor a Dios con el amor al prójimo, sin embargo esas dos realidades fundamentales son un binomio indisoluble en el pensamiento de Jesús,

 

Los discípulos de Jesús entendieron muy bien el sentido y las consecuencias de una equiparación tal. Por eso, San Juan dirá de manera contundente: “Si alguien dijera: «Amo a Dios», pero aborrece a su hermano, sería un mentiroso, porque quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (1 Jn 4,20).

 

Precisamente la Encíclica Fratelli tutti gira en torno al amor al prójimo, bajo la categoría de “fraternidad”, en un sentido muy amplio y abierto. Lv 19, 18, entendía como “prójimo” sobre todo al miembro de la misma familia, tribu o al pueblo de Israel. No contempla un ámbito más allá. Pero el Papa Francisco toma el sentido que tiene el amor al prójimo en el Evangelio y en el Santo de Asís. La fraternidad alcanza a toda la humanidad, más allá de toda frontera o raza. Tiene fuerza capaz de romper barreras y derribar muros, sobre todo porque el modelo es el “Prójimo” por excelencia, Jesucristo, el auténtico Buen Samaritano.

 

El camino indicado por Fratelli tutti se basa en el mensaje de Jesús. Sus discípulos, que buscamos amar a Dios “con todo el corazón, con toda el alma y con todas la mente” necesitamos reconocerlo en cada ser humano, verlo crucificado en la angustiosa necesidad de los abandonados y descartados de este mundo, ensombrecido por muchas y muy tristes realidades. Necesitamos reconocerlo resucitado en cada hermano para que con nuestra “ayuda samaritana se levante y siga su camino.

 

Queridos hermanos y queridas hermanas: Soñamos con la hermandad de toda la humanidad, pero no como utopía irrealizable, sino como el objetivo que es posible alcanzar, con la ayuda del Dios amor. Afrontamos el enorme desafío de conseguir ese sueño juntos, quienes formamos el “nosotros”, incluyendo a los que solemos llamar “los otros”. No importan los obstáculos. Éstos, pueden ser oportunidades, lo mismo que las múltiples sombras, que en momentos parecieran más intensas que la misma luz, que irradia del propio Cristo resucitado. La Eucaristía no es sólo la expresión más sublime del encuentro en el amor con Dios y con nuestros hermanos, sino la fuente de donde brotan nuestras fuerzas para llevar a cabo este proyecto de Dios. Esto se lo pedimos a Dios por intercesión de Nuestra Señora del Carmen, San José, San Andrés Apóstol y San Luis Obispo. Así sea.

 

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