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ESQUEMA DE CELEBRACION DE CORPUS CHRISTI. SALMOS, LECTURAS Y ESTACIONES. Descarga documento en word gratis.

Actualizado: 15 may

Con la Colaboración del P. Senovio Ureña Guatzozón


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ESQUEMA DE LA CELEBRACION:

El Cuerpo y la Sangre de Cristo Jueves después de la Santísima Trinidad Solemnidad (De precepto en la República Mexicana)

 

DIOCESIS DE SAN ANDRES TUXTLA

JUEVES 30 DE MAYO 2024

          DECRETO AÑO EUCARISTICO 2024 - 2025

+ Mons. José Luis Canto Sosa

Por la gracia de Dios y de la Santa Sede

VI Obispo de la Diócesis de San Andrés Tuxtla, Veracruz

En el marco del Año Jubilar que el Papa Francisco ha anunciado para el 2025 y teniendo en cuenta que todo Jubileo ha sido siempre un acontecimiento de gran importancia espiritual, eclesial y social en la vida de la Iglesia; y que el Pueblo de Dios ha vivido estas celebraciones como un don especial de gracia, caracterizado por el perdón de los pecados y, en particular, por la indulgencia; manifiesto con profunda alegría que la Diócesis de San Andrés Tuxtla se suma a esta iniciativa del Santo Padre.



Por tal motivo y por la facultad que el Derecho Canónico concede a los Obispos Diocesanos, sucesores de los Apóstoles y Pastores propios de una Iglesia Particular: de enseñar, santificar y gobernar (Cfr. cann. 375 y 391); y sabiendo que cuentan con la potestad ordinaria, propia e inmediata que se requiere para el ejercicio de su función pastoral (Cfr. can. 381 §1): DECRETO como preparación e introducción al Año Jubilar un

AÑO EUCARÍSTICO.

Cuya apertura se efectuará el 30 de mayo de 2024 en la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo y se clausurará el 11 de mayo de 2025, IV Domingo del Buen Pastor (Día del Católico).

Inspirándonos en las palabras del Papa Francisco, deseo que este Año Eucarístico, en medio de conflictos regionales e internacionales que diluyen la paz, se establezca un clima de esperanza y confianza, como signo de un nuevo renacimiento; que sintiéndonos peregrinos en la tierra en la que el Señor nos ha puesto, no descuidemos la contemplación de la belleza de la creación y el cuidado de nuestra casa común; y finalmente, que este Año Eucarístico nos ayude a fortalecer el camino sinodal que la Iglesia está llamada a recorrer, y mostrarse como signo e instrumento de unidad en la diversidad (Cfr. Carta del Santo Padre Francisco a S.E. Mons. Rino Fisichella para el Jubileo 2025).

Para lograr que este acontecimiento sea de mucho provecho espiritual les encomiendo que:

1. Se implementen catequesis pedagógicas y adecuadas a la idiosincrasia de cada comunidad sobre la Eucaristía, que ayuden a madurar en la fe; para que la vivamos, como generosos y alegres discípulos misioneros de Nuestro Señor Jesucristo.

2. Se estimule la calidad de las celebraciones litúrgicas y se viva el Domingo como verdadero Día del Señor; por lo tanto, la asistencia a la Eucaristía Dominical será una de las expresiones más grande de nuestro amor a Jesús escondido en la Hostia Santa, para que alimentados de Él demos los frutos de amor que espera de nosotros.

3. Se provoque una participación más activa en la Sagrada Liturgia, que fomente al mismo tiempo la escucha religiosa de la Palabra de Dios y el sentido fraterno de la comunidad.

4. Se promuevan obras sociales para la promoción humana y para la comunicación cristiana de bienes (Cfr. Ritual de la Sagrada Comunión y del Culto Eucarístico fuera de la Misa. No. 107).

5. Que cada Foranía organice y celebre un Congreso Eucarístico.

6. Que las parroquias intensifiquen el amor a la Eucaristía en las fiestas litúrgicas propias para adorar a Jesús Sacramentado mediante retiros, encuentros y jornadas de adoración.  

7. Que se fomenten los grupos cuyo carisma sea la adoración a Jesús Sacramentado como: Adoración Nocturna Mexicana, Adoración Perpetua, etc.

8. Que las procesiones en el territorio parroquial con el Santísimo Sacramento se realicen por lo menos una vez al mes.

Pedimos a María Santísima, en la advocación del Carmen, y a San Andrés Apóstol su intercesión para que este Año Eucarístico sea un espacio de verdadero encuentro con Jesucristo “pan vivo que ha bajado del cielo” (Jn 6, 51).

Dado en la Sede Episcopal de San Andrés Tuxtla, Veracruz, a los veintiún días del mes de abril del año dos mil veinticuatro.

+ Mons. José Luis Canto Sosa VI Obispo de la Diócesis de San Andrés Tuxtla, Veracruz

Pbro. José Juan Montán Isidoro Secretario Canciller



Primera parte: esquema litúrgico

Blanco MR, p. 451 (447) / Lecc. II, p. 199



LA ALEGRÍA POR EL DON DE LA EUCARISTÍAÉx 24, 3-8; Sal 115; Heb 9, 11-15; secuencia; Mc 14. 12 16.22-26

A través del año litúrgico, leemos en Marcos o en párrafos paralelos (Mt 26, 26-30; Lc 22, 15-20; 1 Cor 11, 23-26) la narrativa comúnmente llamada la institución de la Eucaristía. Quizá en el marco de la solemnidad actual, que fue creado para celebrar el don de la Eucaristía, valdría la pena subrayar un pequeño detalle en la narrativa. En su final, Marcos, como Mateo (26, 30), nota que "después de cantar los himnos [Jesús y los discípulos] salieron" (v. 26). Por mucho tiempo, los exégetas han opinado que dichos himnos fueron los salmos hallel (114-118) que los judíos cantaban durante su pascua. Sin embargo, hoy se sospecha que la última Cena no fue solamente una celebración de la pascua judía. Por lo tanto, dichos himnos son interpretados más bien como una expresión de la alegría por el don de la Eucaristía.


ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 80, 17

Alimentó a su pueblo con lo mejor del trigo y lo sació con miel sacada de la roca.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Señor nuestro Jesucristo, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

 

 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes.

Del libro del Éxodo: 24, 3-8

En aquellos días, Moisés bajo del monte Sinaí y refirió al pueblo todo lo que el Señor le había dicho y los mandamientos que le había dado. Y el pueblo contesto a una voz: "Haremos todo lo que dice el Señor". Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano, construyo un altar al pie del monte y puso al lado del altar doce piedras conmemorativas, en representación de las doce tribus de Israel. Después mando a algunos jóvenes israelitas a ofrecer holocaustos e inmolar novillos, como sacrificios pacíficos en honor del Señor; tomo la mitad de la sangre, la puso en vasijas y derramo sobre el altar la otra mitad. Entonces tomó el libro de la alianza y lo leyó al pueblo y el pueblo respondió: "Obedeceremos; haremos todo lo que manda el Señor". Luego Moisés roció al pueblo con la sangre, diciendo: "Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes, conforme a las palabras que han oído". Palabra de Dios. T. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 115, 12-13. 15. 16bc. 17-18.

R/. Levantaré el cáliz de la salvación.

¿Cómo le pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Levantare el cáliz de salvación

e invocare el nombre del Señor. R/.


A los ojos del Señor es muy penoso

que mueran sus amigos.

De la muerte, Señor, me has librado,

a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava. R/.


Te ofreceré con gratitud un sacrificio

e invocare tu nombre.

Cumpliré mis promesas al Señor

ante todo su pueblo. R/.



SEGUNDA LECTURA

La sangre de Cristo purificará nuestra conciencia.

De la carta a los hebreos: 9,11-15

Hermanos: Cuando Cristo se presentó como sumo sacerdote que nos obtiene los bienes definitivos, penetro una sola vez y para siempre en el "lugar santísimo", a través de una tienda, que no estaba hecha por mano de hombres, ni pertenecía a esta creación. No llevo consigo sangre de animales, sino su propia sangre, con la cual nos obtuvo una redención eterna. Porque si la sangre de los machos cabríos y de los becerros y las cenizas de una ternera, cuando se esparcían sobre los impuros, eran capaces de conferir a los israelitas una pureza legal, meramente exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo purificará nuestra conciencia de todo pecado, a fin de que demos culto al Dios vivo, ya que a impulses del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo como sacrificio inmaculado a Dios, y así podrá purificar nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, para servir al Dios vivo!Por eso, Cristo es el mediador de una alianza nueva. Con su muerte hizo que fueran perdonados los delitos cometidos durante la antigua alianza, para que los llamados por Dios pudieran recibir la herencia eterna que Él les había prometido. Palabra de Dios. T. Te alabamos, Señor.

SECUENCIA


(Puede omitirse o puede recitarse en forma abreviada, comenzando por la estrofa: * "El pan que del cielo baja").


Al Salvador alabemos,

que es nuestro pastor y guía.

Alabémoslo con himnos

y canciones de alegría.


Esto nuevo, siempre nuevo,

es la luz de la verdad.

que sustituye a lo viejo

con reciente claridad.


Alabémoslo sin límites

y con nuestras fuerzas todas;

pues tan grande es el Señor,

que nuestra alabanza es poca.


Gustosos hoy aclamamos

a Cristo, que es nuestro pan.

pues El es el pan de vida

que nos da vida inmortal.


Doce eran los que cenaban

y les dio pan a los doce.

Doce entonces lo comieron,

y, después, todos los hombres.


Sea plena la alabanza

y llena de alegres cantos;

que nuestra alma se desborde

en todo un concierto santo.


Hoy celebramos con gozo

la gloriosa institución

de este banquete divino,

el banquete del Señor.


Esta es la nueva Pascua,

Pascua del único Rey,

que termina con la alianza

tan pesada de la ley.


En aquella ultima cena

Cristo hizo la maravilla

de dejar a sus amigos

el memorial de su vida.


Enseñados por la Iglesia,

consagramos pan y vino,

que a los hombres nos redimen,

y dan fuerza en el camino.


Es un dogma del cristiano

que el pan se convierte en carne,

y lo que antes era vino

queda convertido en sangre.


Hay cosas que no entendemos,

pues no alcanza la razón;

mas si las vemos con fe,

entraran al corazón.


Bajo símbolos diversos y

en diferentes figuras,

se esconden ciertas verdades

maravillosas, profundas.


Su sangre es nuestra bebida;

su carne, nuestro alimento;

pero en el pan o en el vino

Cristo esta todo completo


Quien lo come, no lo rompe,

no lo parte ni divide;

El es el todo y la parte;

vivo esta en quien lo recibe.


Cuando parten lo exterior,

solo parten lo que has visto;

no es una disminución

de la persona de Cristo.


Puede ser tan solo uno

el que se acerca al altar,

o pueden ser multitudes:

Cristo no se acabara.


Lo comen buenos y malos,

con provecho diferente;

no es lo mismo tener vida

que ser condenado a muerte.


A los malos les da muerte

y a los buenos les da vida.

¡Que efecto tan diferente

tiene la misma comida!


El pan que del cielo baja

es comida de viajeros.

Es un pan para los hijos.

¡No hay que tirarlo a los perros!


Isaac, el inocente,

es figura de este pan,

con el cordero de Pascua

y el misterioso mana.


Ten compasión de nosotros,

buen pastor, pan verdadero.

Apaciéntanos y cuídanos

y condúcenos al cielo.


Si lo parten, no te apures

solo parten lo exterior;

en el mínimo fragmento

entero late el Señor.


Todo lo puedes y sabes,

pastor de ovejas, divino.

Concédenos en el cielo

gozar la herencia contigo. Amen.



ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIOR/. Aleluya, aleluya.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre. R/.

EVANGELIO

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre.

Del santo Evangelio según san Marcos: 14,12-16.22-26

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesús sus discípulos: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?". Él les dijo a dos de ellos: "Vayan a la ciudad. Encontraran a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y díganle al dueño de la casa en donde entre: 'El Maestro manda preguntar: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?'. Él les enseñara una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. Prepárennos allí la cena". Los discípulos se fueron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jesús les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras cenaban, Jesús tomó un pan, pronuncio la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen: esto es mi cuerpo". Y tomando en sus manos una copa de vino, pronuncio la acción de gracias, se la dio, todos bebieron y les dijo: "Esta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. Yo les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios".

Después de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos. Palabra del Señor. T. Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, concede, bondadoso, a tu Iglesia, los dones de la unidad y de la paz, significados místicamente en las ofrendas que te presentamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO I DE LA EUCARISTÍA

(También puede usarse el Prefacio II) El sacrificio y el sacramento de Cristo.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias y alabarte siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.El cual, verdadero y eterno Sacerdote, al instituir el sacramento del sacrificio de la eterna alianza, se ofreció primero a ti como víctima salvadora, y nos mandó que lo ofreciéramos como memorial suyo.Cuando comemos su carne, inmolada por nosotros, quedamos fortalecidos; y cuando bebemos su sangre, derramada por nosotros, quedamos limpios de nuestros pecados.Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo ...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 6, 56

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Concédenos, Señor, disfrutar eternamente del gozo de tu divinidad que ahora pregustamos, en la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- El Jueves Santo pareciera la ocasión perfecta para celebrar el gran sacramento de la Eucaristía. Sin embargo, contrariamente a nuestras expectativas, en ese día se lee la narrativa de la institución del sacramento sólo como segunda lectura (1 Cor ll, 23-26). El Evangelio de este Jueves, en cambio, es el relato del lavatorio de los pies en Juan 13, 1-15. Es que, en Jueves Santo, las lecturas tienden a enfatizar la humildad de Jesús, y su pasión inminente, en vez del don de su carne y de su sangre. Por lo tanto, conviene enfatizar este don y nuestra alegría en la celebración hoy. Conviene, también, reflexionar sobre nuestras celebraciones del sacramento. ¿Son Misas alegres y gozosas? ¿Somos absorbidos por el gran acontecimiento que sucede en medio de nosotros? ¿Cantamos con toda nuestra fuerza, como los discípulos al final de la Ultima Cena?


Segunda Parte: Rúbricas para la procesión



Para la procesión

Tomado del Ceremonial de los Obispos…

No. 386

Como signo de fe común y de adoración, se conserve y se fomente esta procesión. Y aún más, si la ciudad pastoral es muy grande y así lo aconsejare la necesidad pastoral, el Obispo diocesano puede, según su parecer, ordenar otras procesiones en los principales sectores de la ciudad.

 

Corresponde al Obispo diocesano, teniendo en cuenta las circunstancias, juzgar acerca de la oportunidad, del lugar y organización de esta procesión, para que se realice con dignidad y sin menoscabo de la reverencia debida a este Santísimo Sacramento.

 

Donde la procesión no se puede efectuar en esta solemnidad, conviene que se realice otra celebración pública para toda la ciudad o sus sectores principales, en la iglesia catedral o en otro lugar más adecuado.

 

PROCESIÓN EUCARÍSTICA

387. Es conveniente que la procesión se haga después de la Misa en la cual se consagra la hostia que se lleva en procesión. Pero nada impide que la procesión se efectúe también después de una pública y prolongada adoración que siga a la Misa.

 

388. Además de lo necesario para la celebración de la Misa estacional, prepárese lo siguiente:

 

a) En el presbiterio:

sobre la patena la hostia que será consagrada

para la procesión;

la custodia;

el velo humeral;

otro incensario con naveta.

 

b) En un lugar conveniente:

capas pluviales de color blanco o festivo (cf. n.

390);

velones y cirios

(palio).

 

389. Terminada la Comunión de los fieles, el diácono lleva al altar la custodia en la cual coloca reverentemente la hostia consagrada. En seguida el Obispo (o el Obispo celebrante, según corresponda) junto con sus diáconos hace genuflexión y regresa a la cátedra, donde dice la oración después de la Comunión.

 

390. Dicha ésta, y omitidos los ritos de conclusión, se inicia la procesión. La preside el Obispo revestido con la casulla, como en la Misa, o con la capa pluvial de color blanco. Pero si la procesión no sigue inmediatamente a la Misa, toma la capa pluvial

 

Es conveniente que los canónigos y los presbíteros no concelebrantes revistan la capa pluvial sobre la sotana y la sobrepelliz.

 

391. Una vez puesto en el incensario el incienso y bendecido, el Obispo (o el sacerdote celebrante), de rodillas ante el altar, inciensa el Santísimo Sacramento. Luego recibe el velo humeral y sube al altar, hace genuflexión, y con la ayuda del diácono, recibe la custodia, sosteniéndola con ambas manos cubiertas por el velo.

 

Entonces se ordena la procesión:

precede el acólito con la cruz, acompañado por acólitos que llevan candeleros con cirios

encendidos;

sigue el clero;

los diáconos que fueron ministros en la Misa; o los ministros

los canónigos y los presbíteros que están revestidos con capa pluvial;

los presbíteros concelebrantes,

el ministro que lleva el báculo del Obispo; (donde haya)

dos turiferarios con los incensarios humeantes;

el Obispo que lleva el Santísimo Sacramento;

un poco detrás, dos diáconos que asisten al Obispo;

luego los ministros del libro y de la mitra.

 

 

Todos llevan velas encendidas. Alrededor del Sacramento se llevan las antorchas.

El palio bajo el cual el Obispo lleva el Sacramento, se usará según las costumbres de los lugares.

Si el Obispo no puede llevar el Santísimo Sacramento, siga la procesión revestido y con la cabeza descubierta, llevando el báculo, pero sin bendecir.

Va inmediatamente antes del Obispo que lleva el Santísimo Sacramento. 

 

Los demás Obispos, que acaso participen en la procesión, revestidos con hábito coral.

 

392. En cuanto a la organización de los fieles, síganse las costumbres de los lugares, así como

en lo referente al ornato de las plazas y de las calles. Durante el trayecto, si existe la costumbre y así lo aconseja el bien pastoral, puede hacerse alguna "estación" e impartirse la bendición Eucarística.

 

Los cantos y oraciones que se reciten, se encaminarán a que todos manifiesten su fe en Cristo y estarán dedicados únicamente al Señor

 

393. Es conveniente que la procesión se dirija de una iglesia a otra. Pero si las circunstancias de los lugares así lo aconsejan, puede también regresar a la iglesia de la cual salió.

 

394. Al final de la procesión se imparte la bendición con el Santísimo Sacramento, en la iglesia a la cual se llegó, o en otro lugar más apropiado. Los ministros, los diáconos y los presbíteros, al entrar al presbiterio, se dirigen directamente a sus puestos.

 

Después de que el Obispo haya subido al altar, el diácono recibe, por la derecha de manos del Obispo mismo, que está de pie, la custodia y la coloca sobre el altar. En seguida el Obispo, juntamente con el diácono, hace genuflexión y, dejado el velo humeral, se arrodilla ante el altar.

 

Después de poner y bendecir el incienso, el Obispo recibe del diácono el incensario, hace reverencia con los diáconos asistentes, e inciensa el Santísimo con tres movimientos del incensario.

Reiterada la inclinación al Sacramento, devuelve el incensario al diácono.

Entre tanto se canta la estrofa: Tantum ergo, u otro canto eucarístico.

 

Luego el Obispo se levanta y dice: Oremos. Hace una breve pausa de silencio. El ministro, si fuere necesario, sostiene el libro ante el Obispo, mientras

éste prosigue diciendo:

 

Señor nuestro Jesucristo,

que en este sacramento admirable…

 

u otra oración del Ritual Romano.     

 

Dicha la oración, el Obispo recibe el velo humeral, sube al altar, hace genuflexión y, con la ayuda del diácono, recibe la custodia, que tendrá elevada con ambas manos, cubiertas con el velo, se vuelve hacia el pueblo y con la custodia hace el signo de la cruz, sin decir nada.

 

Terminada la bendición, el diácono recibe la custodia de manos del Obispo y la coloca sobre el altar. El Obispo y el diácono hacen genuflexión. Luego, mientras el Obispo permanece de rodillas delante del altar, el diácono reverentemente traslada el Sacramento a la capilla de la reserva.

 

Entretanto, el pueblo puede, si se juzga oportuno, decir alguna aclamación. La procesión al secretarium se hace de la manera acostumbrada.

 Tercera parte: Meditación de las 7 estaciones de Corpus Christi

MONICIÓN INICIAL (EN EL TEMPLO)

Año Eucarístico. Diócesis de San Andrés Tuxtla. Las obras de misericordia.

En el Año Eucarístico que hoy inauguramos en nuestra Diócesis de San Andrés Tuxtla , en las 7 estaciones de Corpus Christi que han sido preparados con mucho cariño para Jesús Sacramentado, vamos a reflexionar en las obras de misericordia corporales. Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales.

En el marco del Año Jubilar que el Papa Francisco ha anunciado para el 2025 y teniendo en cuenta que todo Jubileo ha sido siempre un acontecimiento de gran importancia espiritual, eclesial y social en la vida de la Iglesia; y que el Pueblo de Dios ha vivido estas celebraciones como un don especial de gracia, caracterizado por el perdón de los pecados y, en particular, por la indulgencia; manifiesto con profunda alegría que la Diócesis de San Andrés Tuxtla se suma a esta iniciativa del Santo Padre.

La predicación de Jesús nos presenta estas las obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos.

Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos” “Las obras de misericordia son el corazón de nuestra fe”.  

Se cuenta que la Madre Teresa de Calcuta, cuando llegaban aspirantes a su congregación, las tomaba aparte les agarraba la mano  derecha se las extendía  y luego doblaba los cinco dedos uno a uno, diciendo a la vez con cada dedo una palabra: ¨A/ mí / me / lo / hiciste¨, las cinco palabras de Jesús: A MI ME LO HICISTE: Estas palabras y este pequeño gesto eran y son para las hermanas de Calcuta el gran remedio en la lucha interior contra la repugnancia y el rechazo en el servicio a los enfermos y moribundos. ¨

La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales Las Obras de Misericordia son SERVICIO al prójimo, es FE EN ACCIÓN.

Primera estación de Corpus Christi

CANTO



PRESIDENTE: DAR DE COMER AL HAMBRIENTO

Sea por siempre alabado…

El corazón misericordioso de Jesús Sacramentado…

Padre Nuestro… Avemaría… Gloria…

LECTOR I: DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO “Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: – Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó: – No hace falta que vayan, denles ustedes de comer.

Ellos le dijeron: – No tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: -Tráiganmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba, y tomando los cinco panes y los dos peces alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos, que se los repartieron… Comieron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños”.

LECTOR II: “tuve hambre, y me diste de comer” ¡Hay tantas personas necesitadas a nuestro lado! Hay que hacerse pan y pan partido, como hizo Jesucristo.

El pan es fraternidad y es vida. El pan partido y compartido es amor. Dice Jesús en el Evangelio que no sólo de pan vive el hombre sino de toda la Palaba que sale de sus labios, por tanto también hemos de dar de comer la Palabra de Dios. 

Decía la Madre Teresa  de Calcuta “Hay más hambre en el mundo por amor y por ser apreciado, que por pan”. “Algunas veces pensamos que la pobreza es sólo tener hambre, frío y no tener un lugar donde dormir. Pero la pobreza de no ser reconocido, amado y protegido, el no conocer y amar a Dios es la mayor de las pobrezas.

PRESIDENTE: Oh Jesús, tú que provees y alimentas a las aves del aire, provee y aliméntanos también a nosotros, que no sabemos ni sembrar, ni segar ni recoger. Bendícenos  y concédenos el pan diario  y dáselo también a los que no lo tienen. Amén

BENDICIÓN

Segunda estación de Corpus Christi

CANTO



PRESIDENTE: DAR DE BEBER AL SEDIENTO

Sea por siempre alabado…

El corazón misericordioso de Jesús Sacramentado…

Padre Nuestro… Avemaría… Gloria…

LECTOR I: DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN: En aquel tiempo llegó Jesús a una de ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que y Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: Dame de beber. Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) Jesús le respondió: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.

Le dice la mujer: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados? Jesús le respondió: Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para viva eterna. Le dice la mujer: Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla.

 LECTOR II: “Tuve sed, y me diste de beber”. Cuantas veces experimentamos la sed de agua, pero en nuestros días, también se puede tener sed de seguridad, de esperanza, de compañía, de amistad, de amor. 

Sed de  Dios. Saciemos la sed de Dios que hay en el mundo. Pero alguien puede hacer brotar en las entrañas una fuente de agua viva, gozosa, inagotable. Podemos ayudar a hacer posible el milagro del agua. Señor dame siempre de esa agua.

PRESIDENTE: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo” “Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua”.

 BENDICION

Tercera estación de Corpus Christi

CANTO



PRESIDENTE: VESTIR AL DESNUDO

Sea por siempre alabado…

El corazón misericordioso de Jesús Sacramentado…

Padre Nuestro… Avemaría… Gloria…

LECTOR I: DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS: En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan el Bautista: «Qué tenemos que hacer?» Y les contestaba: «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga comida, compártala con el que no la tiene». Vinieron también a bautizarse algunos de los que recaudaban impuestos para Roma y le preguntaron: «Maestro, ¿qué tenemos que hacer?» El les respondió: «No exijan nada fuera de lo establecido». También los soldados le preguntaron: «¿Y nosotros qué tenemos que hacer?» Juan les contestó: «A nadie extorsionen, ni denuncien falsamente, y conténtense con su salario».

LECTOR II: Podemos y debemos compartir con los demás lo mejor que tenemos, esa ropa en buen estado que teneos guardada bien puede ser usada por alguna persona que no tiene ropa digna, sepamos desprendernos no dando sobras.

Hay otro tipo de vestiduras que debemos poner: la vestidura del honor, del respeto, de la protección. Debemos cubrir la desnudez del prójimo con el manto de la caridad. Hay otro problema relacionado con esta obra de misericordia.

Hay algo mucho más grave que no vestir al desnudo; es el desnudar al vestido. “Si, ha de ir al fuego eterno aquel a quien le diga: estuve desnudo y no me vestiste, ¿qué lugar tendrá en el fuego eterno aquel a quien le diga: estaba vestido y tú me desnudaste?” (San Agustín).

Cuidado con desnudar al hermano, con la crítica y difamación, desvistiéndole de su dignidad y buena fama.

PRESIDENTE: Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!  Que allí donde haya odio, ponga yo amor;  donde haya ofensa, ponga yo perdón;  donde haya discordia, ponga yo unión;  donde haya error, ponga yo verdad;  donde haya duda, ponga yo fe;  donde haya desesperación, ponga yo esperanza;  donde haya tinieblas, ponga yo luz;  donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto  ser consolado como consolar;  ser comprendido, como comprender;  ser amado, como amar.  Porque dando es como se recibe;  olvidando, como se encuentra;  perdonando, como se es perdonado;  muriendo, como se resucita a la vida eterna.

BENDICION

Cuarta estación de Corpus Christi

CANTO

PRESIDENTE: DAR POSADA AL PEREGRINO



Sea por siempre alabado…

El corazón misericordioso de Jesús Sacramentado…

Padre Nuestro… Avemaría… Gloria…

LECTOR I: DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.

LECTOR II: Dar posada al peregrino. Son muchos los peregrinos que llaman a nuestra puerta: mendigos, transeúntes, extranjeros, refugiados, drogadictos. Niños o adultos que piden una ayuda, personas que no tienen donde vivir, ancianos que necesitan ser escuchados… Toda una herida abierta, que exige soluciones no sólo personales sino estructurales.

Acojamos al que llama a la puerta de nuestra casa, pero no sólo materialmente sino cordialmente. Todo el que se acerca a nosotros es un peregrino, que a lo mejor sólo te pide una palabra, una sonrisa o una escucha.

PRESIDENTE: El Evangelio de san Lucas, narra diversos episodios con personas que recibieron al Jesús peregrino. Así, vemos el encuentro con Zaqueo: Baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa. Este se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban “Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador”.

También contemplamos el episodio con Marta y María, hermanas de su amigo Lázaro. “Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra”. Cristo nos enseñó a ser peregrinos y, al mismo tiempo, nos invita a ser buenos anfitriones.  

La vida terrena es una peregrinación espiritual hacia la patria eterna porque “nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo” (Flp, 3,20). Para acertar en nuestras acciones cotidianas, siempre nos ayuda recordar esta realidad: estoy de paso por este mundo.

A quienes viven con esta actitud de peregrinación espiritual, Cristo les dice “en la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, se los habría dicho; porque voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y les tomaré conmigo, para que donde esté yo estén también ustedes” (Jn 14, 2-3). Por ello, el Señor será nuestro gran anfitrión en la eternidad.

BENDICION

Quinta estación de Corpus Christi

CANTO



PRESIDENTE: VISITAR A LOS ENFERMOS


Sea por siempre alabado…

El corazón misericordioso de Jesús Sacramentado…

Padre Nuestro… Avemaría… Gloria…

LECTOR I: DE LA CARTA DEL APOSTOL SANTIAGO. Hermanos míos: ¿Sufre alguno de ustedes? Que haga oración. ¿Está de buen humor? Que entone cantos al Señor. ¿Hay alguno enfermo? Que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y lo unjan con aceite, invocando al Señor. La oración hecha con fe le dará la salud al enfermo y el Señor hará que se levante; y si tiene pecados, se le perdonarán.

LECTOR II: Visitar a los enfermos. Hay muchas clases de enfermedades y de enfermos. Los enfermos no están sólo en los hospitales; los hay también en casa, en el trabajo y en la calle. Una visita o una llamada telefónica pueden llevar alegría y esperanza al enfermo. 

Allí donde hay sufrimiento, allí está Cristo. Y en los enfermos está el Señor, esperándonos a que vayamos a visitarlo y a consolarlo. Porque debemos saber que quien está enfermo, muchas veces está desmoralizado y es muy sensible al amor o a la indiferencia de los hombres. Porque quien ha caído enfermo, a veces se siente castigado por Dios, y el demonio le susurra pensamientos de desesperación y tristeza.

Es bueno, entonces, que vayamos a visitarlo y a llevarle esperanza, a que le transmitamos que Dios lo ama y que no es un castigo de Dios su enfermedad, sino que más bien es un hacerse corredentor con Cristo, llevando una partecita de la Cruz de Cristo, para colaborar con la obra redentora del Señor. Cuántas conversiones se han dado en un enfermo que recibe la visita amorosa de un familiar, de un amigo o de un desconocido que tiene piedad de él. No dejemos de invitar a los enfermos a la confesión y que reciban la unión de los enfermos y la sagrada comunión.

PRESIDENTE: Señor Jesús, te pedimos por los enfermos. Tú lo puedes todo; te pido humildemente que les devuelvas la salud. Pero, sin son otros tus designios, te pido les concedas la gracia de sobrellevar cristianamente su enfermedad.

En los caminos de Palestina tratabas a los enfermos con tal delicadeza que todos venía a ti, dame esa misma dulzura, ese tacto que es tan difícil de tener cuando se está sano. Que yo sepa dominar mi nerviosismo para no agobiarle, que sepa sacrificar una parte de mis ocupaciones para acompañarles, si es su deseo.

Yo estoy lleno de vida, Señor, y te doy gracias por ello. Pero haz que el sufrimiento de los demás me santifique, formándome en la abnegación y en la caridad. Amén

BENDICION

Sexta estación de Corpus Christi

CANTO



PRESIDENTE: VISITAR A LOS PRESOS


Sea por siempre alabado…

El corazón misericordioso de Jesús Sacramentado…

Padre Nuestro… Avemaría… Gloria…

LECTOR I: DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS: En aquel tiempo fue Jesús a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó.

En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él.

LECTOR II: Estuve preso y fuiste a visitarme. Algunos de los que están en la cárcel son inocentes, debemos tener misericordia con los encarcelados, ya que ellos están pagando lo que deben a la justicia, y tienen necesidad de sentirse queridos y perdonados por Dios, porque muchos de ellos han perdido la esperanza. Pensemos qué nos gustaría que hicieran con nosotros si fuéramos nosotros los que estuviéramos presos, y actuemos de la misma manera que quisiéramos ser tratados.

Si tenemos algún familiar o amigo preso, no dejemos de ir a visitarlo para confortarlo y darle ánimos y esperanza, para recordarle que Dios lo ama y que le da tiempo para enmendarse, recapacitar y convertirse y santificarse.

Recordemos que no sabemos cómo son las vueltas de la vida y del destino, y tal vez nosotros, por error o merecidamente, algún día también caigamos entre rejas. Seamos misericordiosos con los que están privados de la libertad, porque veremos muchos santos en el Cielo, que en la tierra estuvieron presos en cárceles. Recordemos el caso del Buen Ladrón y sepamos que cualquiera que tenga buena voluntad puede redimirse.

LECTOR II: Señor Jesús, te pedimos por todos los encarcelados en el mundo entero para que nos enseñes  a ser misericordiosos con ellos y reconocer sus necesidades de comprensión y amor; también te  pedimos  por quienes son condenados a causa del Evangelio y por nosotros, que hemos recibido la fe, para que vivamos la libertad de ser hijos tuyos.

BENDICION

Séptima estación de Corpus Christi

CANTO



PRESIDENTE: ENTERRAR A LOS MUERTOS


Sea por siempre alabado…

El corazón misericordioso de Jesús Sacramentado…

Padre Nuestro… Avemaría… Gloria…

LECTOR I: DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS. En aquel tiempo iba Jesús de camino a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad.

Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: Joven, a ti te digo: Levántate. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre.

LECTOR II: Enterrar a los muertos. Podemos pensar que de esto ya se encargan las funerarias. Nosotros debemos envolver a los difuntos en la oración esperanzada, en el amor y el agradecimiento. Nosotros hemos de pedir perdón por los errores que hayan podido cometer los difuntos. La muerte de un ser querido deja casi siempre heridas sangrantes.

Es una obra de misericordia estar cerca de los que sufren por estas muertes. Cuando damos el pésame o “acompañamos en el sentimiento”, que no sea una rutina o una palabra vacía.  

El cuerpo humano es sagrado, porque es templo del Espíritu Santo, y aunque la persona no esté en gracia de Dios, igual tiene un alma que fue creada por Dios y es como una partecita de Dios, por eso hay que tener respeto por el cuerpo de los difuntos y darle cristiana sepultura, porque ha sido habitado por un alma.

Recordemos que en el Antiguo Testamento, el padre de Tobías, tenía la piadosa costumbre de enterrar a los muertos, y Dios aceptó estas obras de misericordia y lo bendijo con la compañía del Arcángel Rafael.

PRESIDENTE: ¡Oh Dios! Nuestro Creador y Redentor, con tu poder Cristo conquistó la muerte y volvió a Ti glorioso. Que todos tus hijos que nos han precedido en la fe.

Participen de su victoria y disfruten para siempre de la visión de tu gloria donde Cristo vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén. Dales, Señor, el descanso eterno. Brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz.  Amén.



BENDICIÓN FINAL COMO SE INDICA EN LAS RUBRICAS


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