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 Invitamos a los papás que amen de una forma verdaderamente libre. Reflexión Dominical. 16 de junio de 2024

DIÓCESIS DE SAN ANDRÉS TUXTLA

SAN ANDRÉS TUXTLA. VERACRUZ


DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B

16 JUNIO 2024



HOMILÍA

+MONS. JOSÉ LUIS CANTO SOSA


Primera Lectura. Del Libro del Profeta Ezequiel 17, 22-24: Elevaré los árboles pequeños.

Salmo Responsorial. Del Salmo 91, 2-3. 13-14. 15-16: ¡Qué bueno es darte gracias, Señor!

Segunda Lectura. De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios 5, 6-10: En el destierro o en la patria, nos esforzamos por agradar al Señor.

Aclamación antes del Evangelio. La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre.

Evangelio. Del Santo Evangelio según San Marcos 4, 26-34: El hombre siembra su campo, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece.


Queridos hermanos y queridas hermanas:


El profeta Ezequiel y el Evangelio de San Marcos ofrecen bellas e importantes enseñanzas con imágenes agrícolas. El Evangelio nos da a conocer dos “parábolas” o narraciones simbólicas en forma de historia.


Israel, como los demás pueblos de pastores y labradores, entendía bien las enseñanzas a base de comparaciones sacadas de la vida cotidiana. Las tierras fértiles del área mediterránea propiciaban sociedades basadas en la agricultura. Abundaba la población rural, pues apenas un 10% vivía en ciudades propiamente dichas. El suelo de Galilea era fértil, aunque concentrado en manos de pocos, por lo que la mayoría del pueblo vivía en la pobreza. Los pequeños propietarios intentaban subsistir. Unos trabajaban como jornaleros, otros aún teniendo otros oficios como artesanos se empleaban en el campo durante la siembra o la cosecha. En un ambiente rural agrícola, tanto el profeta Ezequiel, como Jesús, utilizan imágenes inspiradas en la vida campesina cotidiana.


El Profeta Ezequiel (s. VI a.C.) se refiere a la difícil realidad que en ese momento enfrentaba Israel: el rey Jeconías había sido deportado a Babilonia, con el propio profeta Ezequiel. El rey Nabucodonosor es presentado como uno que “poda la copa del cedro”, el rey Jeconías, y “planta otro árbol”, es decir, impone a Sedecías como nuevo rey. Éste, sin embargo, cayó en desgracia y también fue exiliado. Pese a todo, el profeta Ezequiel anuncia que Dios restablecerá la dinastía davídica en Jerusalén: “Esto dice el Señor Dios: "Yo tomaré un renuevo de la copa de un gran cedro, de su más alta rama cortaré un retoño. Lo plantaré en la cima de un monte excelso y sublime. Lo plantaré en la montaña más alta de Israel. Echará ramas, dará fruto y se convertirá en un cedro magnífico. En él anidarán toda clase de pájaros y descansarán al abrigo de sus ramas (Ez 17, 22-23).


Los evangelios también suelen echar mano de imágenes agrícolas, como en las parábolas del sembrador y de la cizaña, por ejemplo. Hoy el evangelista San Marcos nos ofrece dos parábolas tomadas también del mundo agrícola: la de “la semilla que crece por sí sola” y la del “grano de mostaza”.


La primera de parábola está centrada en el reinado de Dios. Narra algo muy familiar en el mundo agrícola. Un labrador arroja su semilla en el campo. Una vez hecha esta tarea, únicamente deja que la semilla crezca: pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha” (Mc 4, 26-29).

El silencio en torno a las tareas del labrador es voluntario. Lo más importante en este caso no recae en los trabajos esmerados del “hombre”, sino en el proceso del crecimiento mismo de la semilla, hasta que llega a fructificar. Entonces el labrador de nuevo entra en acción. El objetivo principal de esta parábola, que sólo aparece en san Marcos, es sobre todo evidenciar el contraste entre el modesto inicio, y el final grandioso y mostrar que así es como acontece el Reino de Dios.


También la parábola del “grano de mostaza” (Mc 4, 31-32), aunque no ignora el esfuerzo del campesino, enfatiza la acción divina que hace crecer la semilla. Su comienzo es modesto, incluso casi imperceptible, pero su dinámica interna, que depende sobre todo de Dios, empuja con gran fuerza. La pequeñez del grano de mostaza era proverbial, como aparece en dichos rabínicos, sin embargo, la planta, que crecía a las orillas del lago de Galilea, llegaba a alcanzar hasta tres metros de altura, superando así al resto de las hortalizas. Así sucede con el reinado de Dios. La comparación subraya que, si bien el Reino de Dios ya está presente modestamente, comporta una dinámica increíble e imparable y apunta a su poderosa manifestación.


El comienzo de la presencia del Reino de Dios, a pesar de su aparente modestia, confiere ya la certeza del gran final con la imagen de los pájaros anidando en las ramas, mientras en el libro del profeta Ezequiel son una imagen que llama a que renazca la esperanza del restablecimiento de la dinastía davídica, a pesar de que parezca imposible. Tanto en el Evangelio de San Marcos como en el Libro del profeta Ezequiel se nos recuerda que, a pesar de todas las adversidades, al final, Dios llevará a cabo su proyecto de salvación.



Queridos hermanos y queridas hermanas: Ante situaciones como la inseguridad, la corrupción y la crispación social, podemos tener la tentación del desánimo. A veces pareciera que el mal está venciendo al bien, y corremos el riesgo de perder la confianza en Dios, como si Él no estuviera ya presente y no reinara ya entre nosotros. ¿No será acaso que confiamos más en nosotros mismos que en el Señor? Si bien no podemos entender mal la parábola de la semilla que crece por sí sola y caer en pasividad negligente e irresponsable, sino que debemos poner lo mejor de nosotros mismos para trabajar en la construcción del Reino de Dios, pero tampoco podemos olvidar que el principal artífice es Dios mismo, de quien depende el dinamismo interno y crecimiento de su reino, en tanto que nosotros somos sólo fieles colaboradores suyos. De ningún modo podemos perder la esperanza. Que el bien común sea la estrella que guíe el ejercicio de gobierno de todo aquel que fue electo por voto popular en la Jornada electoral del pasado 2 de junio, en la que el pueblo mexicano ejerciendo sus derechos civiles y políticos salió a votar (cfr. Jornada de Oración Mensual XI Domingo Ordinario - 16 de junio de 2024). Hoy Día del Padre invitamos a los papás que amen de una forma verdaderamente libre, como lo hizo San José, bajo cuyo amparo encomendamos a cada papá y a cada familia (Comunicado Día del Padre 2024. Dimensión Episcopal de Familia de la CEM). En este Año Eucarístico en nuestra Diócesis de San Andrés Tuxtla con la fuerza de la Palabra y de la Eucaristía, bajo la acción del Espíritu Santo, sigamos adelante con esfuerzos renovados, colaborando en el dinamismo del Reino de Dios y seguros de que Dios actúa siempre. Si un padre humano suele procurar el bien de sus hijos, con cuanta mayor razón el Padre por excelencia y fuente de toda paternidad nos mostrará siempre su amor y benevolencia. Que así sea.


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