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HOMILÍA 31 DE DICIEMBRE


DIÓCESIS DE SAN ANDRÉS TUXTLA

CATEDRAL DE SAN JOSÉ Y SAN ANDRÉS APÓSTOL

SAN ANDRÉS TUXTLA, VERACRUZ

 

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

31 DICIEMBRE 2023

 

HOMILÍA

+MONS. JOSÉ LUIS CANTO SOSA

 

Primera Lectura. Del Libro del Génesis 15, 1-6; 21, 1-3: Tu heredero saldrá de tus entrañas.

Salmo Responsorial. Del Salmo 104, 1-2, 3-4, 5-6, 8-9: R. El Señor nunca olvida sus promesas.

Segunda Lectura. De la Carta a los Hebreos 11, 8. 11-12. 17-19: La fe de Abraham, de Sara y de Isaac.

Aclamación antes del Evangelio. Heb 1, 1-2: R. Aleluya, aleluya. En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo. R. Aleluya.

Evangelio. Del Santo Evangelio según San Lucas 2, 22-40: El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría.

 

Queridos hermanos y queridas hermanas:

En esta Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José pensamos en todas las familias cristianas de nuestra Diócesis de San Andrés Tuxtla, de Veracruz, de México y del mundo entero. Podríamos preguntarnos: ¿Hay familias santas, además de la de Nazaret? Nuestra respuesta tendíamos que hacerla en varias direcciones:

Si hay familias santas, cada una en su estilo único, si los miembros, padres e hijos, se aman y respetan mutuamente y dejan que Dios alimente y profundice su afecto;

Si hay familias santas, si el alimento, la alegría y el cuidado se comparten;

Si hay familias santas si los conflictos o problemas se resuelven de una manera que permita a los miembros crecer juntos en el perdón y en la comprensión mutua;

Sí, hay familias santas donde la puerta se abre con hospitalidad, y donde el Señor mismo es acogido en hermanos pobres y sufrientes.En  la celebración de hoy de la Sagrada Familia se ofrece a nuestras familias cristianas un auténtico modelo. De muchas maneras la Sagrada Familia de Nazaret fue única, e imposible de imitar. La Palabra de Dios que hemos escuchado hoy acentúa una forma en la que todas  nuestras familias pueden seguir el modelo de Nazaret: buscando la voluntad de Dios, obedeciéndola y  sintiendo alegría y felicidad en ella, aun cuando esa voluntad exija sacrificios. Se nos muestra a Jesús como alguien que, desde el niño que era en Navidad, creció a una madurez plena y que cumplirá la voluntad de Dios hasta el final. Que, como él, nosotros también crezcamos y alcancemos madurez en nuestra fe y en nuestro amor.

 

Terminamos el Año 2023 contemplando a la Sagrada Familia que nos permite hacer un balance de cómo vivimos, nos movemos y existimos. Tener con quién compararse siempre es un estímulo. Y si el modelo es ejemplar como lo es la Sagrada Familia mucho mejor.

Hemos escuchado tres relatos, escritos hace yamuchos siglos ¿Nos pueden enseñar algo estos textos tan antiguos que hemos escuchado? Creo que sí: porque las necesidades humanas básicas eran las mismas entonces que ahora; porque los valores básicos eran los mismos entonces que ahora. Por eso, si nos preguntamos por lo que puede ayudar a que la vida de familia no se deteriore, sino que se mantenga sana y mejore, podemos hacer nuestros estos tres mensajes.

Primero, una llamada al respeto, en especial a los mayores cuyas facultades están sensiblemente mermadas de sus facultades físicas o mentales. Nos lo recuerda la Primera Lectura tomada del Libro del Génesis. Hemos de cultivar el respeto a los mayores cuyas facultades están mermadas a pesar de las rarezas y de las manías que puedan tener, a pesar de los defectos más o menos acentuados que tengan. Todos somos imagen de Dios por lo cual no hagamos daño al Mesías que está presente, aunque encubierto, en los mayores o en los más débiles. Y añadamos el respeto a la piedadcomo lo experimentaron Simeón y Ana que supieron reconocer al Mesías, y dar gracias a Dios por haberles permitido verlo. Hay que ser agradecidos.

Segundo: cultivemos en las relaciones mutuas los sentimientos positivos y las actitudes positivas. La vida familiar ha de ser una escuela de los afectos. Procuremos tener un mundo afectivo rico en nuestra relación con los otros miembros de la familia. No nos volvamos indiferentes a ellos, no seamos inexpresivos e insensibles. Cuidemos los detalles del saludo afectuoso, de la sonrisa, de la acogida cordial, de la preocupación discreta y también del respeto al silencio de los otros, del regalo, del servicio sencillo; cuidemos el gesto del perdón cuando nos han herido. Quien cultiva diariamente lo pequeño, también sabrá adoptar las actitudes adecuadas en lo grande, en lo importante. ¿Podemos conducirnos así? Sí podemos, aunque tengamos nuestros fallos, nuestros erros y nuestros defectos. Hay una verdad que la experiencia pone ante nuestros ojos: quien se sabe perdonado, está más dispuesto al perdón; quien se sabe acogido, se muestra más pronto a acoger; quien se siente amado, está más dispuesto a amar. Y así sucesivamente. Les invito a poner atención en lo que Dios ha hecho con nosotros: cómo nos ha amado, cómo nos ha acogido entre sus hijos, cómo nos ha perdonado, cómo nos ha dado su paz.

Tercero: busquemos en todo la voluntad de Dios. José nos da un buen ejemplo de esa disposición interior, cuando secunda la inspiración interior y vela por la seguridad del niño Jesús y de la madre María. Quien busca la voluntad de Dios vive para los demás más que para sí mismo, piensa  en los otros más que en sí mismo, cuida a los que le rodean más que su propia persona.

Tengamos en cuenta que en la familia se aprende a vivir. Jesús, de José aprendió lo que es un buen padre, y le recordó que tenía un padre parecido allá arriba en el cielo. Y el buen José, cuántas veces estaría esperando a la puerta de casa el regreso de su Hijo cuando salía a trabajar por las casas y en el campo. Seguramente que él le inspiró aquella parábola del Padre bueno. Su madre, María, la mujer de Nazaret. Probablemente fue ella quien le enseñó a fijarse en los lirios del campo y las aves del cielo, que son vestidos solemnemente por Dios. seguro que fue ella la que le enseñó a rezar: es posible que rezaran juntos en la casa de Nazaret. José, que de vez en cuando iba a la sinagoga, rezaría algún Salmo. Y luego María daría ejemplo de cómo guardar en el corazón todas las cosas que no terminaban de entender de ese Dios tan sorprendente y misericordioso.

Queridos hermanos y queridas hermanas: Esta Sagrada Familia de Nazaret hoy nos invita a recordar lo importante que es estar juntos ante las dificultades, y unidos siempre con Dios. En la Sagrada Familia es donde la sociedad actual puede aprender a querer a todos, especialmente a los más débiles, y hacer a un lado los cariños interesados. En la familia se puede aprender a compartirlo todo, y a apretarse juntos el cinturón cuando hace falta, por haberle dado el pan a ese pobre que llamó a la puerta de casa y alejar de nosotros esa mala costumbre de ponerle precio a todo. Jesús, María y José sabían lo que era "abandonarse en manos de la providencia" y "atesorar tesoros en el cielo, donde no hay polillas" (cfr. Mt 6, 19). Y el perdón, palabra esencial en la familia, podrá enseñar al mundo de hoy, donde todo lo queremos arreglar a gritos y golpes, que es necesaria el reconocimiento de nuestros errores, reconciliarnos y llegar a buenos acuerdos. En este mundo de ruidos y prisas, de relaciones más digitalizadas y frías que personales y afectuosas, la familia puede enseñar a escuchar y y a animar al que hoy tuvo dificultades en el trabajo, en la escuela o con los amigos. Y, sobre todo, aprender a escuchar juntos lo que dice Dios a través de su Palabra y de lo que pasa en el mundo; hablarle de la gente necesitada, de esos que preocupan especialmente al Padre del Amor. En estos días, preguntémonos cómo podemos mejorar las relaciones en nuestro hogar, en nuestra escuela, en nuestro centro de trabajo y en nuestra comunidad parroquial. Para que, llenos de sabiduría, la gracia de Dios esté con nosotros.

Hermanos y hermanas qué bueno es estar ahora todos nosotros juntos en esta Eucaristía, como familia del Pueblo de Dios, y orar con la Sagrada Familia de Nazaret por lo que todos nosotros queremos tanto: nuestros hogares, nuestras familias, la comunidad cristiana, la familia de nuestra nación y de nuestras localidades. Que Dios nos bendiga a todos y nos guarde siempre unidos como hermanos. Sagrada Familia de Nazaret, ruega por nosotros. Así sea.

 

 

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