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CRECIENDO EN EL ESPIRITU

P. Carlos Triana, cjm

RENOVACION CARISMATICA EN EL ESPIRITU SANTO


Muchos consideran el cristianismo como un cuerpo rígido de doctrinas y de preceptos morales. Así piensan los “ritualistas”, quienes se limitan a observar los deberes estrictos de la religión cristiana para ser “buenos cristianos”. Así piensan también los “moralizantes” para quienes la religión es un código de leyes que hay que obedecer. El cristianismo de estas personas adopta una forma cíclica: realizan periódicamente las mismas cosas, en forma circular, sin crecer. Su vida cristiana es un “eterno retorno”.

Este librito enseña que el cristianismo no es inmovilismo sino dinamismo, continuo crecimiento y desarrollo. Toda la vida de Dios nos ha sido comunicada en el bautismo, como un germen que debe desarrollarse. El crecimiento de la vida del cristiano tiene una meta: llegar a ser Cristo, a ser de Cristo, a vivir de Cristo, con él y en él. Y el protagonista de este crecimiento es el Espíritu Santo:



“El que no tenga el Espíritu de Cristo no es de Cristo” (Ro 8, 9)

“Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien procede toda familia en los cielos y en la tierra, para que, conforme a la riqueza de su gloria, los robustezca con la fuerza de su Espíritu, de modo que crezcan interiormente” (Ef 3, 14-16).

Introducción

“Como niños recién nacidos, anhelen la leche pura del Espíritu, para que, alimentados con ella, crezcan hasta recibir la salvación, ya que han saboreado la bondad del Señor” (1 Pe 2, 2-3).

Para ti,

A quien muchas veces pedí : “que cumplas”,

Y otras tantas imploré: “que cambies”,

Hoy prefiero decirte: “que crezcas”, Pues siempre que creces, me haces crecer igual.



Capítulo 1

La vida sin crecimiento es una contradicción. La vida implica crecer... la vida espiritual o cristiana de igual modo implica crecer.

El crecimiento más importante consiste en crecer hacia adentro, o sea, crecer en corazón, en sentimientos, en conciencia, en interioridad, en espiritualidad.

Citemos a dos apóstoles que trabajaron por crecer y hacer crecer a las personas y comunidades hacia dentro:


“Crezcan en la gracia y el conocimiento de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. (2 Pe 3, 18)

“El que proporciona semilla al que siembra y pan para que se alimente, les proporcionará y les multiplicará la semilla y hará crecer los frutos de su generosidad”. (2 Cor 9,10)


Crecer espiritualmente supone entender la vida espiritual como un itinerario, un camino en el que se avanza hacia una meta. Durante el camino se queman etapas. Esta imagen de vida espiritual como itinerario la encontramos claramente ilustrada por Pablo cuando nos habla del atleta:

“En una carrera todos corren, pero solamente uno recibe el premio. Pues bien, corran ustedes de tal modo que reciban el premio. Los que se preparan para competir en un deporte, evitan todo lo que pueda

El arte de crecer

hacerles daño. Y esto lo hacen por alcanzar como premio una corona que enseguida se marchita; en cambio nosotros luchamos por recibir un premio que no se marchita”. (1 Cor 9, 24-25; 2 Tim 2, 5)

Para mostrar que la vida espiritual es itinerario, se ha hablado de las tres vías de la vida espiritual: purgativa, iluminativa y unitiva; de los incipientes, de los avanzados y los perfectos...; Santo Tomás ha hablado de la vida espiritual como un progreso hacia la plenitud de la caridad; San Juan Eudes entiende la vida espiritual como un formar a Jesús poco a poco en nosotros, como un completar la vida de Jesús en nosotros cada vez de manera más plena.

La Iglesia de hoy para hablar de crecimiento recurre al famosísimo adjetivo “permanente”. Entonces habla de formación permanente, misión permanente, oración permanente. Si tomamos las áreas de la formación sacerdotal, entonces podemos encontrar el objetivo de la formación permanente: área humana: madurez permanente; área espiritual: santidad permanente; área pastoral: Caridad, misericordia y entrega permanentes; área intelectual: competencia permanente; área comunitaria: presbiterio permanente.

Solo cuando entendamos la vida espiritual, no como vivencias puntuales, no como “actitos” realizados en momentos precisos, sino como proyecto de vida, de toda la vida, solo entonces habremos echado las bases para comprender y vivir el arte del crecimiento espiritual.

¿Qué implica entender la vida espiritual como proyecto de vida?


CAPITULO 2


teomormez@hotmail.com


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