Del Narcotráfico al catolicismo... REFLEXION DOMINICAL...

DESAYUNO DOMINICAL

DOMINGO 30 DE OCTUBRE DE 2022

Verde Domingo XXXI del Tiempo Ordinario

PBRO. TEODULO MORALES MEZO



A. ENTREMÉS

El protagonista de hoy es Yuni Anchondo y cuenta que vivió aterrorizando a la gente de su ciudad, en Nuevo México, "por causa de mi comportamiento violento. Me tenían miedo y nadie quería acercarse a mí".

"No se preocupe, padrecito, todos allí fuera y aquí dentro saben que he tirado bala, movido droga… El uniforme que me han asignado [viste el color rojo] lo dice todo".

Le detuvieron el 14 de febrero del 2018. "Para mí no fue un arresto, sino una liberación. En los últimos 13 meses, cinco de los once compañeros que movíamos la droga están bajo tierra. Ustedes lo llaman conversión, pero yo no sé. Lo único que le puedo decir es que en la prisión Jesús me encontró roto, triste, golpeado y muy solo, pero Él me salvó y me cambió para siempre".

Padre, "Dígales a la gente que soy otro, que no me tengan miedo, que he cambiado. Un día me cansé de estar encerrado una y otra vez, de perder a mi mujer, de perder a mis hijos por culpa de mis adicciones, y me enfrenté a Dios. Le pregunté si yo también le importaba. Y allí, en la cárcel, descubrí leyendo la Biblia que Dios había usado para su plan de salvación a adúlteros, ladrones, asesinos, cobradores de impuestos, traidores…, cambiándoles el corazón. ¿Por qué no habría de cambiar el mío? Decidí cambiar y fiarme de Jesús. Le dije que, si Él quería, podía curarme. Y me sanó".


Yuni se da cuenta de que estoy escuchándolo emocionado. "Mire, padrecito, yo le corrí a Dios durante 40 años de mi vida sirviendo al enemigo. Vivía en una mentira. Y a nadie puedo culpar más que a mí mismo. Dios nunca me abandonó. Nunca me faltaron los buenos consejos de mi madre y de mi padre. Tampoco puedo culpar a la justicia por mi encarcelamiento".


Yuni Sonrío y prosigue: "Dios todavía no ha terminado conmigo. Me está cambiando poco a poco. Una de las cosas que me enseña es a perdonarme y a dejar el pasado atrás. No estoy con mi familia, pero la amo y me aman. Solo sueño con recuperar el tiempo perdido. Cuando salga, lo primero que haré será buscar a las personas a las que he hecho daño y pedirlas que me perdonen y que me den la oportunidad de ser un hombre nuevo. Porque –y esto lo aprendí leyendo la Biblia–, soy un hombre nuevo, una criatura nueva".



B. MENU DE HOY

EVANGELIO

EI Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Del santo Evangelio según san Lucas: 19, 1-10

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: "Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa".

El bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: "Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador". Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: "Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más". Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.



C. POSTRE

Tomado de Christus Vivit.

50. «A través de la santidad de los jóvenes la Iglesia puede renovar su ardor espiritual y su vigor apostólico. El bálsamo de la santidad generada por la vida buena de tantos jóvenes puede curar las heridas de la Iglesia y del mundo, devolviéndonos a aquella plenitud del amor al que desde siempre hemos sido llamados: los jóvenes santos nos animan a volver a nuestro amor primero (cf. Ap 2,4)»[21]. Hay santos que no conocieron la vida adulta, y nos dejaron el testimonio de otra forma de vivir la juventud. Recordemos al menos a algunos de ellos, de distintos momentos de la historia, que vivieron la santidad cada uno a su modo.

51. En el siglo III, san Sebastián era un joven capitán de la guardia pretoriana. Cuentan que hablaba de Cristo por todas partes y trataba de convertir a sus compañeros, hasta que le ordenaron renunciar a su fe. Como no aceptó, lanzaron sobre él una lluvia de flechas, pero sobrevivió y siguió anunciando a Cristo sin miedo. Finalmente lo azotaron hasta matarlo.

52. San Francisco de Asís, siendo muy joven y lleno de sueños, escuchó el llamado de Jesús a ser pobre como Él y a restaurar la Iglesia con su testimonio. Renunció a todo con alegría y es el santo de la fraternidad universal, el hermano de todos, que alababa al Señor por sus creaturas. Murió en 1226.

53. Santa Juana de Arco nació en 1412. Era una joven campesina que, a pesar de su corta edad, luchó para defender a Francia de los invasores. Incomprendida por su aspecto y por su forma de vivir la fe, murió en la hoguera.

54. El beato Andrés Phû Yên era un joven vietnamita del siglo XVII. Era catequista y ayudaba a los misioneros. Fue hecho prisionero por su fe, y debido a que no quiso renunciar a ella fue asesinado. Murió diciendo: “Jesús”.

55. En ese mismo siglo, santa Catalina Tekakwitha, una joven laica nativa de América del Norte, sufrió una persecución por su fe y huyó caminando más de 300 kilómetros a través de bosques espesos. Se consagró a Dios y murió diciendo: “¡Jesús, te amo!”.

56. Santo Domingo Savio le ofrecía a María todos sus sufrimientos. Cuando san Juan Bosco le enseñó que la santidad supone estar siempre alegres, abrió su corazón a una alegría contagiosa. Procuraba estar cerca de sus compañeros más marginados y enfermos. Murió en 1857 a los catorce años, diciendo: “¡Qué maravilla estoy viendo!”.

57. Santa Teresa del Niño Jesús nació en 1873. A los 15 años, atravesando muchas dificultades, logró ingresar a un convento carmelita. Vivió el caminito de la confianza total en el amor del Señor y se propuso alimentar con su oración el fuego del amor que mueve a la Iglesia.

58. El beato Ceferino Namuncurá era un joven argentino, hijo de un destacado cacique de los pueblos originarios. Llegó a ser seminarista salesiano, lleno de deseos de volver a su tribu para llevar a Jesucristo. Murió en 1905.

59. El beato Isidoro Bakanja era un laico del Congo que daba testimonio de su fe. Fue torturado durante largo tiempo por haber propuesto el cristianismo a otros jóvenes. Murió perdonando a su verdugo en 1909.

60. El beato Pier Giorgio Frassati, que murió en 1925, «era un joven de una alegría contagiosa, una alegría que superaba también tantas dificultades de su vida»[22]. Decía que él intentaba retribuir el amor de Jesús que recibía en la comunión, visitando y ayudando a los pobres.

61. El beato Marcel Callo era un joven francés que murió en 1945. En Austria fue encerrado en un campo de concentración donde confortaba en la fe a sus compañeros de cautiverio, en medio de duros trabajos.

62. La joven beata Chiara Badano, que murió en 1990, «experimentó cómo el dolor puede ser transfigurado por el amor […]. La clave de su paz y alegría era la plena confianza en el Señor y la aceptación de la enfermedad como misteriosa expresión de su voluntad para su bien y el de los demás»[23].

63. Que ellos y también muchos jóvenes que quizás desde el silencio y el anonimato vivieron a fondo el Evangelio, intercedan por la Iglesia, para que esté llena de jóvenes alegres, valientes y entregados que regalen al mundo nuevos testimonios de santidad.

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